Cada 17 de junio se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, establecido por las Naciones Unidas en el marco de la Convención de Lucha contra la Desertificación (UNCCD). La efeméride de este 2026 llegó con un foco que rara vez ocupa el centro de la agenda ambiental y que, sin embargo, describe con precisión el territorio donde opera buena parte de la minería del noroeste argentino: los pastizales.
El lema oficial 2026 fue «Rangelands: Recognize. Respect. Restore.» pastizales: reconocer, respetar, restaurar, y la conmemoración coincidió con un hito mayor: 2026 fue declarado por la ONU Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. No es un detalle menor. La Puna es, antes que un distrito minero, un pastizal de altura: un ecosistema árido y semiárido habitado desde hace siglos por comunidades pastoriles que dependen de él. Por primera vez, el día miró hacia donde efectivamente operamos.
Un ecosistema que el mundo recién empieza a valorar
Según la UNCCD, los pastizales cubren más de la mitad de la superficie terrestre del planeta y, pese a ello, siguen estando entre los ecosistemas más subvalorados. El dato que ordena la conversación de este año es contundente: hasta la mitad de todos los pastizales del mundo ya están degradados o en riesgo de degradarse. Su restauración, estima el organismo, podría fortalecer los medios de vida de cerca de 2.000 millones de personas.
Para la minería andina, ese diagnóstico global no es abstracto. Es la descripción del terreno: suelos delgados, de formación extremadamente lenta, baja cobertura vegetal, escasez hídrica estructural y una capacidad de recuperación natural que se mide en décadas, no en temporadas. El suelo de la Puna no es un recurso renovable en el horizonte de un proyecto: una vez degradado, no vuelve dentro de una generación.
Argentina, en el mapa de la degradación
La situación nacional acompaña esa lectura. Según el Ministerio de Ambiente, alrededor del 30 % de la población argentina habita zonas afectadas por procesos de degradación, desertificación y sequía. Y aproximadamente el 12 % de la superficie del país presenta tasas altas de erosión, concentradas en zonas áridas y semiáridas con fuertes pendientes y baja cobertura vegetal, como Patagonia, Cuyo y el NOA región que incluye los altos de Salta y Jujuy donde se desarrollan los proyectos de litio y otros minerales.
Argentina aborda el problema a través del Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación (PAN), su instrumento bajo la UNCCD. Para una operación que se asienta en estas geografías, ese marco no es un trámite lejano: define el contexto regulatorio y social en el que se evalúa su desempeño ambiental.
Qué implica para una operación minera de altura
La desertificación en la Puna es un fenómeno previo y multicausal clima, aridez natural, presión sobre la vegetación y el agua, y no es atribuible a una sola actividad. Lo que sí está bajo control de cada operación es su propia huella sobre un sistema ya frágil. Ahí es donde la gestión del suelo deja de ser un anexo del estudio ambiental y se vuelve una variable de riesgo de primer orden:
- Aspectos ambientales del suelo, explícitos. Movimiento de tierras, decapado, caminos, plataformas y acopios alteran un recurso de recuperación lentísima. Identificar el suelo como aspecto ambiental significativo y no diluirlo dentro de «uso del terreno» es el punto de partida de cualquier Sistema de Gestión Ambiental serio en altura.
- Erosión y control de sedimentos. En zonas de fuertes pendientes y escasa cobertura, la erosión hídrica y eólica es el mecanismo silencioso de degradación. El control de sedimentos, la estabilización de taludes y el manejo de escurrimientos son medidas que protegen tanto al ecosistema como a la continuidad operativa.
- Agua, el factor que todo lo condiciona. En un ambiente de sequía estructural, el balance hídrico de la operación y su efecto sobre la disponibilidad de agua para el pastizal y las comunidades es, posiblemente, la variable más sensible de toda la relación con el territorio.
- Revegetación con especies nativas y restauración funcional. El objetivo del cierre progresivo no es «tapar» sino devolver función: que el suelo intervenido vuelva a sostener cobertura vegetal compatible con el pastizal original. Esto conecta de manera directa con la meta 15.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible la neutralidad en la degradación de las tierras.
- Coexistencia con el uso pastoril. El Año Internacional de los Pastizales y los Pastores recuerda que estos territorios tienen usuarios históricos. La gestión del suelo y del agua es, también, gestión de la licencia social: el pastizal que la operación afecta es el mismo del que viven las comunidades vecinas.
Del riesgo a la oportunidad
Mirado en frío, todo esto puede leerse como una lista de exigencias. Pero el encuadre 2026 ofrece una oportunidad concreta: alinear la gestión ambiental de la operación con una agenda global la restauración de pastizales que inversores, financiadores y autoridades están empezando a priorizar. Una operación que demuestra que controla su huella sobre el suelo, que planifica la restauración desde el diseño y que convive con el uso pastoril del territorio no solo reduce su riesgo regulatorio y reputacional: construye un activo de legitimidad difícil de copiar.
La información, además, ya existe en gran parte. El análisis de aspectos ambientales del Sistema de Gestión, los compromisos del Plan de Manejo Ambiental y la Declaración de Impacto Ambiental contienen el grueso de los datos. Integrarlos en una estrategia coherente de gestión de suelos en lugar de tratarlos como obligaciones separadas es lo que transforma el cumplimiento en valor.
En ESG Consulting acompañamos a operaciones del NOA en el diseño y la auditoría de Sistemas de Gestión Ambiental, en la formulación de planes de manejo y en la planificación del cierre progresivo y la restauración. Si tu operación quiere transformar la gestión del suelo y del agua de un punto de cumplimiento en una ventaja estratégica, este es un buen momento para ordenarlo. Podemos ayudarte a estructurarlo.