Cuando la sequía entra en el balance: riesgo climático físico, IFRS S2 y el valor de los proyectos mineros

Cuando la sequía entra en el balance: riesgo climático físico, IFRS S2 y el valor de los proyectos mineros

Esta semana hablamos del suelo y la sequía en el terreno: la degradación de los pastizales de altura y lo que implica para una operación minera de la Puna. Hoy completamos el recorrido con la otra cara del mismo problema: qué pasa cuando ese riesgo físico la sequía, el estrés hídrico, la escasez de agua deja de ser solo una preocupación operativa y se vuelve un número que hay que divulgar, cuantificar y, cada vez más, defender frente a inversores.

Ese es, en esencia, el cambio que introdujo la norma IFRS S2 del ISSB (International Sustainability Standards Board): por primera vez existe un estándar global de divulgación financiera de riesgos y oportunidades relacionados con el clima, construido sobre la estructura del TCFD. Y para la minería andina, donde el agua es el factor que todo lo condiciona, su aplicación tiene consecuencias muy concretas.

Qué pide IFRS S2 sobre el riesgo físico

La norma organiza la divulgación en cuatro pilares gobernanza, estrategia, gestión de riesgos y métricas y objetivos y distingue dos grandes familias de riesgo climático: el de transición (cambios regulatorios, tecnológicos y de mercado) y el físico. Este último es el que más directamente toca a una operación de altura, y se subdivide en:

  • Riesgos físicos agudos: eventos puntuales y extremos una sequía severa, una crecida, un evento de precipitación intensa que pueden interrumpir la operación.
  • Riesgos físicos crónicos: cambios graduales y sostenidos menor disponibilidad hídrica, retroceso de fuentes de agua, aumento de la aridez que erosionan la viabilidad del proyecto en el largo plazo.

Lo relevante de IFRS S2 es que no se conforma con describir esos riesgos: pide explicar cómo afectan el modelo de negocio, la estrategia y los flujos de efectivo, y exige análisis de escenarios climáticos para evaluar la resiliencia del proyecto. Es decir, traduce el riesgo ambiental al lenguaje en el que decide la dirección y en el que evalúan los financiadores.

El agua, el riesgo físico número uno de la minería andina

Para un proyecto en la Puna, el riesgo físico crónico tiene nombre propio: el agua. La disponibilidad hídrica condiciona el diseño, la operación y el cierre. Un escenario de mayor aridez no es una hipótesis lejana en una región donde la sequía es estructural: es un supuesto que impacta directamente sobre el balance de agua, sobre la relación con las comunidades y, en consecuencia, sobre la continuidad de la licencia para operar.

Cuando ese riesgo se modela con seriedad en lugar de declararse de forma genérica, aparece la conexión que la dirección no puede ignorar: un riesgo físico mal gestionado se traduce en mayor probabilidad de interrupción, en provisiones más altas, en un costo de capital más caro y, finalmente, en un menor valor presente neto (NPV) del proyecto. El clima deja de ser un capítulo del informe ambiental y pasa a ser una variable del modelo financiero.

De la divulgación a la decisión

El puente entre ambos mundos es la Evaluación de Riesgos Climáticos (CCRA): el ejercicio que identifica, prioriza y cuantifica los riesgos físicos y de transición bajo distintos escenarios, y que alimenta tanto la divulgación bajo IFRS S2 como la toma de decisiones de inversión. Hecho bien, no es un entregable para auditores: es una herramienta de gestión que permite anticipar dónde un proyecto es vulnerable y qué medidas de adaptación reducen ese riesgo y su costo.

Para las operaciones del NOA, además, existe una sinergia que conviene aprovechar. Buena parte de la información que IFRS S2 exige balances hídricos, estudios de línea de base, planes de manejo, monitoreos ya se genera para los instrumentos ambientales regulatorios. Integrar ese acervo con la mirada financiera del estándar evita duplicar esfuerzos y fortalece la trazabilidad de todo el sistema. En Argentina, la profesión contable ya se mueve en esa dirección con la RT 53 de la FACPCE, que ordena el reporte de sostenibilidad y acerca estos estándares a la práctica local.

Qué significa para la alta dirección

El mensaje de fondo es simple: el riesgo climático físico ya no se queda en el área ambiental. Bajo IFRS S2, es información que la dirección debe entender, divulgar y defender. Y para un proyecto minero andino, eso significa que la gestión del agua ese mismo recurso del que dependen el pastizal y las comunidades es, al mismo tiempo, una variable ambiental, social y financiera.

En ESG Consulting acompañamos a empresas del sector en la evaluación de riesgos climáticos (CCRA), en la preparación para la divulgación bajo IFRS S2 y en la integración de la información ambiental que ya generan con la mirada financiera que hoy exigen inversores y reguladores. Si tu organización quiere dejar de tratar el riesgo climático como un anexo y empezar a gestionarlo como lo que es una variable de valor, podemos ayudarte a estructurarlo.

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