En los directorios mineros del mundo empezó a circular una pregunta nueva, todavía poco escuchada en Argentina: ¿cuánto vale, y cuánto arriesga, la naturaleza de la que depende cada operación? No es una pregunta ambiental en el sentido clásico. Es una pregunta financiera, y ya está cambiando la forma en que inversores y financiadoras evalúan proyectos.
Durante años, la gestión de la biodiversidad se trató como un capítulo del estudio de impacto: un requisito a cumplir para obtener un permiso. Lo que está ocurriendo a nivel global es un cambio de categoría. La naturaleza está dejando de ser «tema ambiental» para convertirse en información financiera material, con marcos, métricas y, cada vez más, con precio.
El dato que ordena la conversación
El Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con la Naturaleza (TNFD, por sus siglas en inglés) es el marco de referencia global para reportar cómo una empresa depende de la naturaleza y cómo impacta sobre ella. La velocidad de su adopción es la mejor señal de hacia dónde va la agenda: pasó de 416 organizaciones adherentes a 733 en apenas un año (a noviembre de 2025), que representan cerca de US$22,4 billones en activos bajo gestión y provienen de 56 países. Entre ellas hay 179 instituciones financieras, es decir, buena parte de quienes deciden a quién le prestan y a qué tasa.
Ese salto no se explica por moda. Se explica por quién está mirando: los mismos bancos, fondos y aseguradoras que financian los proyectos mineros empezaron a pedir esta información como insumo para decidir. Cuando el capital cambia lo que pregunta, el resto de la cadena termina respondiendo.
De lo voluntario a la norma contable
El paso decisivo lo dio el ISSB, el organismo que emite las normas NIIF de sostenibilidad (las mismas NIIF S1 y S2 que en Argentina la FACPCE incorporó a partir de los ejercicios iniciados en 2026). En abril de 2026 el ISSB definió su camino sobre naturaleza: no creará una norma separada ni modificará las NIIF S1 y S2, sino que publicará una Declaración de Práctica (una guía de aplicación) construida sobre el marco TNFD, con un borrador previsto para coincidir con la COP17 del Convenio sobre Diversidad Biológica, en octubre de 2026 en Ereván, Armenia.
Traducido: el lenguaje con el que hoy se reporta el clima (riesgos, dependencias, impactos, métricas) se está extendiendo a la naturaleza dentro del mismo sistema de reporte financiero. Para una minera que ya trabaja sobre NIIF S2, la naturaleza deja de ser un anexo separado y pasa a integrarse en la misma conversación con sus financiadoras.
Los créditos de biodiversidad: el instrumento que está naciendo
En paralelo aparece un mercado nuevo: los créditos de biodiversidad, un instrumento financiero que busca canalizar inversión hacia la conservación y la restauración medibles, de manera análoga (aunque no idéntica) a como los créditos de carbono canalizan financiamiento climático. La Comisión Europea lanzó en 2025 una hoja de ruta para regular este mercado, el banco HSBC estructuró un fondo de naturaleza que superó los US$650 millones, y en la región Terrasos, en Colombia, ya comercializa créditos de biodiversidad como caso pionero.
Conviene decirlo con honestidad, porque es lo que corresponde: el mercado es todavía incipiente y su principal desafío no es la demanda, sino la integridad. Definir qué es un crédito válido, cómo se mide el resultado y cómo se evita el «lavado verde» es la discusión abierta del momento. No es una solución cerrada, es una frontera. Pero es exactamente en las fronteras donde se define quién llega temprano y quién llega tarde.
Por qué esto se juega en la Puna
Para la minería andina, este cambio no es abstracto. Cuando Vale evaluó sus operaciones en Brasil bajo este enfoque, encontró que la mayor parte de sus impactos materiales se concentraba en el uso del agua y en la alteración de ecosistemas. Esa es, casi textualmente, la descripción del contexto en el que opera la minería de litio y de otros minerales en la Puna: sistemas de alta montaña, dependientes del agua, con ecosistemas frágiles y de recuperación lentísima.
Dicho de otro modo, la naturaleza no es para la minería andina un riesgo importado desde Europa: es su condición operativa cotidiana. Los miembros del ICMM ya se comprometieron a divulgar sus impactos y dependencias de naturaleza en sitios prioritarios hacia 2026. La diferencia entre una operación que llega preparada y una que reacciona tarde no será técnica, será de anticipación.
Argentina, todavía en la línea de partida
Acá está la oportunidad. Argentina no emitió aún un pronunciamiento regulatorio de adopción del estándar del ISSB, y en ese punto quedó por detrás de Brasil, que ya tiene hoja de ruta concreta. En materia de créditos de biodiversidad, el país participa del programa BIOFIN del PNUD desde 2022 y avanza en un estudio de factibilidad, es decir, está en una etapa exploratoria.
Ese rezago, leído en frío, es una ventana. Significa que hoy todavía se puede llegar temprano: entender el marco, mapear la exposición a la naturaleza y ordenar la información antes de que el requisito se vuelva obligatorio y masivo. La minera que empiece a hablar este idioma ahora no estará cumpliendo una norma que no existe, estará construyendo una ventaja frente a sus financiadoras mientras el resto todavía la ignora.
De riesgo a estrategia: qué se puede hacer hoy
La buena noticia es que no se parte de cero. El TNFD propone un método ordenado, conocido por su sigla LEAP (localizar, evaluar, valorar, preparar), que se apoya en información que muchas operaciones ya poseen: sus estudios de impacto, sus planes de manejo, sus monitoreos de agua y biodiversidad. El trabajo no es generar todo de nuevo, sino integrar lo disperso en una lectura coherente de dependencias, impactos y riesgos, y traducirlo al lenguaje que hoy piden inversores y autoridades.
En ESG Consulting acompañamos a operaciones del NOA en el diagnóstico de riesgos, la matriz de materialidad y los reportes de sostenibilidad alineados a GRI y NIIF S1 y S2. Sumar la dimensión de naturaleza a ese trabajo, anticipando la Declaración de Práctica del ISSB y el debate de los créditos de biodiversidad, es pasar de administrar el cumplimiento a construir una ventaja estratégica. Si tu operación quiere entender qué significa todo esto para su caso concreto, podemos ayudarte a estructurarlo.