Durante el último quinquenio, la conversación entre los directorios mineros y los comités de crédito de la banca internacional estuvo dominada casi exclusivamente por la descarbonización: inventarios de gases de efecto invernadero (Alcance 1, 2 y 3), hojas de ruta hacia el *Net Zero* y contratos de abastecimiento de energía renovable (PPA). Sin embargo, en el cierre de 2026, el escrutinio financiero sobre la minería de minerales críticos ha sumado un segundo filtro tanto o más determinante para la viabilidad del capital: la dependencia y el impacto físico sobre la naturaleza y los ecosistemas hídricos sensibles.
Para los proyectos de salmueras de litio y pórfidos de cobre radicados en la Puna del Noroeste Argentino (Salta, Jujuy y Catamarca) muchos de ellos estructurando paquetes de *Project Finance* multimillonarios bajo el paraguas del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI, Ley 27.742), esta transición no es una discusión académica. En ecosistemas áridos de alta montaña por encima de los 3.700 msnm, donde las cuencas son endorreicas y la recarga hídrica es milimétrica, la biodiversidad y el agua son físicamente indisociables.
La entrada en vigencia obligatoria del nuevo estándar GRI 101: Biodiversidad 2024 (efectivo desde el 1 de enero de 2026 en reemplazo del histórico GRI 304), la consolidación del marco de divulgación financiera TNFD (*Taskforce on Nature-related Financial Disclosures*) en su vinculación con las normas NIIF S1/S2 del ISSB, y el rigor de la Norma de Desempeño 6 (PS6) de la Corporación Financiera Internacional (IFC) han cambiado las reglas de auditoría bancaria.
Hoy, presentar una línea de base biológica estática —limitada a un listado taxonómico de flora y fauna levantado en una sola campaña de campo para cumplir el expediente provincial del Informe de Impacto Ambiental (IIA)— ya no supera el filtro de debida diligencia (*Due Diligence*) de los financiadores internacionales ni de las automotrices europeas y norteamericanas. El capital exige trazabilidad hidroecológica continua sobre las vegas, bofedales y lagunas altoandinas.
- El triángulo regulatorio de 2026: GRI 101, el enfoque LEAP de TNFD e IFC PS6
Si en nuestra publicación de julio analizábamos cómo la naturaleza ingresaba conceptualmente al balance contable a nivel global, hoy el desafío para las gerencias de Sostenibilidad, Medio Ambiente y Finanzas en el NOA es estrictamente operativo y metodológico. Los equipos técnicos deben articular simultáneamente tres marcos de referencia que convergen sobre el terreno:
A. El nuevo estándar GRI 101: Biodiversidad 2024 (vigente desde enero de 2026)
El antiguo estándar GRI 304 permitía a las empresas reportar indicadores generales y a menudo superficiales, como la superficie operativa cercana a áreas protegidas o el número de especies en la Lista Roja de la UICN presentes en el polígono minero.
El GRI 101, que entró en vigor formalmente para los ciclos de reporte iniciados en 2026, transforma de raíz la exigencia técnica:
- Trazabilidad específica por sitio (*Site-specific disclosures*): Obliga a reportar métricas desagregadas para cada sitio operativo ubicado en o junto a áreas de alta sensibilidad ecológica, impidiendo promediar o diluir impactos locales en un consolidado corporativo.
- Medición del estado del ecosistema: Exige reportar cambios cuantificables en el tamaño (extensión espacial), la condición (calidad funcional e integridad ecológica) y la conectividad de los hábitats afectados respecto de una línea de base verificable.
- Impulsores directos de pérdida de biodiversidad: Demanda vincular las operaciones con los cinco motores definidos por la IPBES (cambio en el uso del suelo, explotación directa de recursos como el agua subterránea, cambio climático, contaminación y especies exóticas invasoras).
B. El marco TNFD y la metodología LEAP en minería de altura
El TNFD estructura la evaluación de riesgos y oportunidades vinculados a la naturaleza mediante su enfoque de cuatro fases conocido como LEAP (*Locate, Evaluate, Assess, Prepare*):
- Localizar (*Locate*): Cruzar la huella física del proyecto (pozos de bombeo, pozas de evaporación, plantas de proceso, depósitos de estériles, acueductos y rutas de acarreo) con la integridad de los biomas altoandinos.
- Evaluar (*Evaluate*): Identificar no solo cómo la mina impacta en el ecosistema, sino de qué servicios ecosistémicos depende críticamente la operación (por ejemplo, la disponibilidad de agua industrial en cuencas áridas y la regulación aluvional natural de las quebradas).
- Valorar (*Assess*): Traducir esas dependencias e impactos en riesgos financieros materiales: riesgos físicos (escasez hídrica operativa), riesgos regulatorios (suspensión de permisos de bombeo o condicionamientos en la renovación bianual del IIA bajo la Ley 24.585) y riesgos reputacionales o judiciales (medidas cautelares por afectación de humedales).
- Preparar (*Prepare*): Definir metas auditables alineadas con el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal y divulgarlas bajo la estructura de cuatro pilares (Gobernanza, Estrategia, Gestión de Riesgos y Métricas) compatible con NIIF S1 del ISSB.
C. La Norma de Desempeño 6 (PS6) de la IFC y el Principio 7 del ICMM
Para todo proyecto que recurra a banca internacional o sindicatos bajo los Principios del Ecuador IV (EP4), la IFC PS6divide el territorio en hábitats modificados, hábitats naturales y hábitats críticos (*Critical Habitat*).
En la Puna argentina, las vegas altoandinas, los bofedales y las lagunas salobres que albergan poblaciones reproductivas de flamencos altoandinos (*Phoenicoparrus andinus* y *Phoenicoparrus jamesi*), vicuñas o endemismos vegetales y microbiológicos (como estromatolitos y tapetes microbianos de altura) suelen calificar técnicamente como Hábitat Natural de Alta Prioridad o Hábitat Crítico. En estos ambientes, la IFC PS6 y el Principio 7 del ICMM exigen demostrar de manera fehaciente la No Pérdida Neta (*No Net Loss*) y, en el caso de hábitats críticos, una Ganancia Neta (*Net Gain*) de biodiversidad.
- El punto neurálgico en la Puna: La conexión hidrogeológica entre salares, acuíferos de borde y vegas altoandinas
¿Por qué los comités técnicos de los bancos internacionales concentran el 90% de sus preguntas de biodiversidad en la hidrogeología de los bordes de salar y las quebradas de alta montaña? Porque en la Puna, una vega o bofedal es la expresión biológica superficial de un sistema hidrogeológico subterráneo.
En nuestras revisiones técnicas de Estudios de Impacto Ambiental (EIA), Renovaciones Bianuales (RBIIA) y auditorías de debida diligencia en el NOA, identificamos tres puntos ciegos recurrentes que hoy traban la aprobación técnica de los financistas:
A. La desconexión entre el modelo hidrogeológico numérico y la ecología de vegas
Con frecuencia, el capítulo de Hidrogeología del IIA es elaborado por una consultora de modelación subterránea, mientras que el capítulo de Flora, Fauna y Limnología es redactado por un equipo de biólogos que trabaja de manera independiente.
El resultado es un divorcio técnico peligroso: el modelo numérico predice un abatimiento (*drawdown*) de 0,5 o 1,0 metro en el acuífero libre del borde de cuenca a los 10 años de operación y lo califica como «hidrogeológicamente moderado», sin advertir que las plantas formadoras de cojines del bofedal (*Oxychloe andina*, *Distichia muscoides*) tienen sistemas radiculares que dependen de que el nivel freático se mantenga en los primeros 30 a 40 centímetros del suelo. Un descenso de medio metro que para la ingeniería de reservorios parece marginal puede significar la muerte biológica de la vega y la pérdida del sustento forrajero de la comunidad originaria colindante.
B. El escrutinio sobre los «impactos acumulativos» a escala de cuenca
Tanto el marco TNFD como la IFC PS6 y la jurisprudencia ambiental reciente en Argentina exigen evaluar los impactos no en función del límite catastral de las pertenencias mineras de una sola empresa, sino a escala de cuenca hidrográfica o salar compartido.
En salares donde coexisten tres, cuatro o más proyectos en distintas fases de exploración avanzada, bombeo piloto y producción comercial, el prestamista internacional exige una Evaluación de Impactos Acumulativos (CIA). Si la empresa no cuenta con una red de monitoreo perimetral que permita distinguir el efecto de su propio bombeo respecto del de los operadores vecinos, queda expuesta solidariamente ante cualquier alteración del humedal.
C. El impacto de la infraestructura lineal conexa (caminos, acueductos y líneas eléctricas)
El nuevo estándar GRI 101 pone especial énfasis en la fragmentación de hábitats. En muchos proyectos de cobre y litio, el impacto más severo sobre las vegas no proviene del pozo de extracción, sino del trazado de caminos mineros de alto tonelaje o terraplenes que cortan transversalmente el flujo subsuperficial de una vega (actuando como un dique subterráneo que inunda aguas arriba y deseca aguas abajo) o de la deposición de material particulado (polvo fugitivo) sobre la vegetación higrofítica, reduciendo su capacidad fotosintética.
- De la «compensación» declarativa a la Ingeniería de Mitigación y Monitoreo Auditado (TARP)
Para que un proyecto minero en el NOA supere con éxito la auditoría de un banco internacional o un fondo de inversión bajo los estándares TNFD, GRI 101 e IFC PS6, debe abandonar las promesas genéricas de reforestación o compensación y estructurar un Plan de Acción de Biodiversidad (BAP) integrado con el manejo hídrico:
Conclusión: La integridad del ecosistema como llave del financiamiento minero
En la minería de 2026, el capital internacional ya comprendió que en las cuencas endorreicas de los Andes centrales no existe una línea divisoria entre el balance hídrico, la supervivencia de las vegas altoandinas y la paz social con las comunidades del territorio.
Tratar el capítulo de biodiversidad como un mero trámite descriptivo para obtener la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) es hoy un error estratégico que se paga en la mesa de estructuración financiera: cuando los auditores independientes del sindicato bancario detectan que la línea de base carece de series estacionales o no modela el acoplamiento entre el bombeo y los humedales de borde, el cronograma del proyecto se detiene durante doce o dieciocho meses hasta completar campañas hidrobiológicas válidas.
Desde ESG Consulting S.A.S. acompañamos a las operadoras mineras y proyectos en desarrollo en el NOA a transformar este desafío técnico en una ventaja competitiva de bancabilidad:
- Diseño y Auditoría de Líneas de Base Hidroecológicas: Articulación técnica entre los estudios hidrogeológicos, hidroquímicos y las líneas de base de biodiversidad estacionales bajo estándares IFC PS6, ICMM y Ley 24.585.
- Adecuación al Estándar GRI 101 (2024) y Marco TNFD (Método LEAP): Diagnóstico de dependencias e impactos sobre la naturaleza, mapeo de riesgos físicos y regulatorios, y estructuración de reportes sitio por sitio.
- Planes de Manejo de Vegas y Sistemas de Alerta Temprana (TARP): Diseño de redes de monitoreo acoplado (piezometría de borde, teledetección NDVI e indicadores biológicos) con protocolos de respuesta operativa.
- Monitoreo Participativo Comunitario: Integración de las comunidades originarias locales en la vigilancia ambiental de vegas y pastizales de altura, consolidando la Licencia Social para Operar con evidencia científica.
Para evaluar el grado de preparación de su operación frente a las exigencias de biodiversidad y naturaleza de los mercados financieros:
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