Garantizar la seguridad hídrica en un proyecto minero ya no se resuelve con un simple balance de entradas y salidas. La pregunta estratégica es otra: ¿la mina seguirá operando de forma competitiva y socialmente aceptable en un contexto de mayor variabilidad climática hasta 2050?
El primer paso es pasar de balances estáticos a modelos hidrogeológicos y de recurso hídrico acoplados a escenarios climáticos. Esto implica trabajar con proyecciones de precipitación, temperatura, recarga de acuíferos y frecuencia de eventos extremos, integrándolos en modelos de cuenca que permitan simular distintos niveles de extracción, fases del proyecto y condiciones de estrés hídrico.
En paralelo, es clave construir curvas de resiliencia del sistema de abastecimiento: ¿qué ocurre con la producción si pierdo un pozo crítico, si se reduce la recarga un determinado porcentaje o si se interrumpe el suministro de agua superficial? Esa visión permite comparar escenarios de inversión en reuso, desalación, eficiencia hídrica, almacenamiento y diversificación de fuentes, no solo por CAPEX/OPEX, sino por riesgo de pérdida de producción y de licencia social.
La conversación de alto nivel no es “¿cuánta agua usamos?”, sino “¿qué probabilidad real tenemos de enfrentar restricciones severas en los próximos 10–20 años y cuánto nos costaría no haber invertido a tiempo?”. Traducir los resultados técnicos en métricas de riesgo financiero (NPV en riesgo, días potenciales de parada, impacto en costos unitarios) es lo que hace que la seguridad hídrica pase de ser un capítulo del EIA a un tema fijo en la agenda del Directorio.
En ESG Consulting S.A.S. trabajamos con compañías mineras que quieren estar a la vanguardia de la sostenibilidad, transformando marcos ESG y estándares internacionales en decisiones técnicas, indicadores y planes de acción concretos que se integran al negocio, reducen riesgos y fortalecen la competitividad a largo plazo.
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