En muchos proyectos, la biodiversidad sigue tratándose como un capítulo del EIA que “hay que presentar al regulador”. Sin embargo, operar cerca de vegas altoandinas, humedales, bosques nativos o hábitats de especies clave convierte la gestión de biodiversidad en un determinante de viabilidad y reputación.
El punto de partida es una Evaluación de Hábitat Crítico y la identificación de Valores de Biodiversidad Prioritarios. A partir de allí, la jerarquía de mitigación (evitar, minimizar, restaurar, compensar) debe integrarse en el diseño del proyecto, no aplicarse a posteriori para justificar decisiones ya tomadas.
La ambición de No Pérdida Neta (No Net Loss) o Net Positive redefine la conversación. No se trata solo de “no dañar”, sino de demostrar, con evidencia medible, que el proyecto deja un saldo positivo para los ecosistemas y las comunidades vinculadas. Esto implica: métricas claras (índices de hábitat, funcionalidad de ecosistemas), planes de restauración robustos, y esquemas de compensación alineados a estándares internacionales.
Para la alta gerencia, la pregunta clave es: ¿preferimos defender un proyecto percibido como amenaza a la naturaleza o liderar una narrativa creíble de Naturaleza Positiva que nos abra puertas con comunidades, reguladores e inversores? La diferencia no está en el discurso, sino en cómo se diseñan, presupuestan y gobiernan las decisiones técnicas.
En ESG Consulting S.A.S. trabajamos con compañías mineras que quieren estar a la vanguardia de la sostenibilidad, transformando marcos ESG y estándares internacionales en decisiones técnicas, indicadores y planes de acción concretos que se integran al negocio, reducen riesgos y fortalecen la competitividad a largo plazo.
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