En minería, el 31 de diciembre marca el cierre de balances, el corte de producción y el momento en que los indicadores se consolidan: toneladas, costos, EBITDA, CAPEX ejecutado. En paralelo, llegan los tableros de seguridad, agua, emisiones, quejas, avances de planes sociales y de cierre. Desde la perspectiva de la Alta Dirección, este día no debería ser solo una foto de lo que pasó, sino un test incómodo sobre qué decisiones se tomaron de verdad en materia ESG… y cuáles se eligió postergar. Técnicamente, casi todas las compañías mineras que aspiran a estándares altos ya cuentan con:
- Indicadores de seguridad (TRIFR, LTIFR, severidad, casi incidentes).
- KPIs de agua, energía, emisiones, residuos, biodiversidad.
- Registros de quejas, conflictos, incidentes ambientales, auditorías y hallazgos de cumplimiento.
- Gaps frente a marcos como IFC, EP4, GISTM, PS6, TCFD, estándares de derechos humanos.
El problema ya no suele ser la ausencia de datos, sino otra cosa: qué hace realmente la Alta Dirección con esa información. Al cierre de año, vale la pena mirar los tableros ESG con tres preguntas técnicas y, a la vez, profundamente estratégicas:
- ¿Qué riesgos críticos conocemos… y seguimos tolerando?
- TSF con brechas conocidas respecto de GISTM.
- Sistemas de agua y drenaje que no resistirían escenarios climáticos más severos.
- Conflictos sociales “contenidos” pero nunca abordados de raíz.
- Planes de cierre que existen en papel, pero no condicionan decisiones de diseño ni provisiones reales.
Si los incidentes graves que evitamos este año dependen más de “buena suerte” que de controles robustos, el 31 de diciembre debería leerse como una alerta, no como un éxito.
2. ¿Qué decisiones de inversión y diseño reflejaron realmente los estándares ESG que declaramos? No se trata de cuántos compromisos firmamos, sino de cuántos CAPEX, cambios de alcance o prioridades se modificaron explícitamente por razones ESG: rediseños de relaves, ajustes de huella, inversiones en agua y clima, cambios de proveedores por desempeño social, incorporación de requisitos IFC/EP4 o de derechos humanos en contratos críticos.
Si la respuesta es que casi todas las decisiones relevantes se habrían tomado igual aunque no existiera el área de sostenibilidad, entonces el sistema ESG es decorativo.
3. ¿Qué se va a medir distinto a partir del 1 de enero? El 31 de diciembre es también un momento clave para elegir pocos indicadores ESG de primera línea que lleguen al Directorio con el mismo peso que los indicadores financieros. No se trata de sumar más métricas, sino de definir cuáles serán:
- No negociables (por ejemplo, integridad de relaves, incidentes de alta potencialidad, cumplimiento de compromisos con comunidades, hitos de cierre de brechas IFC/EP4).
- Directamente vinculados a la remuneración variable del C-level.
- Suficientemente claros como para que no puedan maquillarse con comunicación.
La Navidad nos invita a pensar en personas, vínculos y futuro. El 31 de diciembre nos enfrenta con la dimensión de accountability: qué aceptamos, qué decidimos cambiar y qué seguimos postergando a pesar de saber que es material.
En minería, la verdadera madurez ESG no se ve solo en el reporte anual, sino en la respuesta honesta a una pregunta de fin de año: Si miramos nuestros riesgos y decisiones técnicas de 2025, ¿hay algo que, éticamente y como negocio, no podemos permitirnos repetir en 2026?
Convertir esa reflexión en tres decisiones concretas de Alta Dirección (un riesgo que se deja de tolerar, una inversión que se prioriza, un indicador que sube a la agenda del Directorio) vale más que cualquier mensaje institucional de año nuevo.
En ESG Consulting S.A.S. trabajamos con compañías mineras que quieren estar a la vanguardia de la sostenibilidad, transformando marcos ESG y estándares internacionales en decisiones técnicas, indicadores y planes de acción concretos que se integran al negocio, reducen riesgos y fortalecen la competitividad a largo plazo.
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